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viernes, 11 de septiembre de 2015

Consumo de Marihuana y Psicopatología......




 Introducción


El consumo de cannabis es un fenómeno ampliamente extendido en nuestra sociedad. Aunque no están suficientemente dilucidadas las alteraciones psicopatológicas inducidas por el consumo de cannabis, con los conocimientos actuales se puede afirmar que el consumo de cannabis no es inocuo para la salud.
En la actualidad, desafortunadamente, existe un proceso de banalización del consumo de cannabis y de sus efectos psiquiátricos. Los efectos sobre las funciones psíquicas están mediatizados e influenciados por la dosis utilizada, el ambiente del consumo y por la experiencia previa del consumidor. Se conoce que la concentración plasmática de cannabis es muy variable, e incluso cambia en función de la experiencia del consumidor y que los consumidores más experimentados logran concentraciones más altas. Alrededor de un 10% de las personas que han probado el cannabis lo utilizarán de una manera frecuente o por periodos prolongados. El consumo suele declinar cuando las personas se aproximan a los 30 años. Sin embargo dado el incremento del consumo el cannabis en la actualidad esta aumentando las demandas de tratamiento médico-psiquiátrico y también ha aumentado las consultas en los servicios de urgencias relacionadas con el consumo de cannabis (Calafat, 2006). Los trastornos descritos relacionados con el consumo de cannabis varían en función de las clasificaciones diagnósticas Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales– IV Texto revisado (DSM-IV-TR) y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10).
En el DSM-IV-TR se clasifican en trastornos por consumo de cannabis y trastornos inducidos por cannabis. Sin embargo otros trastornos, no recogidos en esta clasificación, como el posible síndrome de abstinencia también son relevantes:

 Trastorno Diagnóstico Especificaciones
Dependencia de Cannabis Con/sin dependencia fisiológica
Remisión total temprana/ sostenida
Remisión parcial temprana/
sostenida
Remisión en entorno controlado
Trastornos por
consumo
Abuso de Cannabis
Intoxicación por Cannabis
Con alteraciones perceptivas

(CIE)

Intoxicación por cannabis
con alteraciones perceptivas
Delirium por intoxicación
por cannabis
Trastorno psicótico inducido
por Cannabis,
con ideas delirantes
De inicio en la intoxicación
Trastorno psicótico inducido
por cannabis,
con alucinaciones
De inicio en la intoxicación
Trastorno de ansiedad
inducido por cananbis
De inicio en la intoxicación
Trastornos
inducidos
Trastorno relacionado
con cannabis no especificado

 Trastornos recogidos en el DSM-IV-TR relacionados con el Cannabis.

La CIE-10 incluye los apartados de intoxicación aguda, consumo perjudicial, síndrome de abstinencia, síndrome de abstinencia con delirium, trastorno psicótico, síndrome amnésico, trastorno psicótico residual y de comienzo tardío inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas, otros trastornos mentales o del comportamiento, trastorno mental o del comportamiento sin especificación. En esta clasificación se acepta explícitamente la existencia de abstinencia por cannabinoides.En relación al tratamiento se conoce que el consumo de cannabis se ha relacionado con peor respuesta al tratamiento de otras enfermedades mentales (Goldberg y cols., 1999), (Raymond y cols., 2003). En la actualidad no esta suficientemente dilucidado el tratamiento psicofarmacológico de los distintos trastornos relacionados con el consumo de cannabis (Franco, 2002).

Abuso de  Cannabis

El consumo mantenido de cannabis suele declinar con el paso de los años. Sin embargo en los periodos de consumo activo puede producir un abandono del interés por las actividades no relacionadas con el consumo y de las actividades escolares. Por otra parte el consumo ocasional o recreacional en personas jóvenes es especialmente peligroso por el riesgo de cronificación del consumo y por las complicaciones psicopatológicas. En ocasiones es difícil poder dilucidar si existe un autentico abuso de cannabis, ya que el concepto de abuso de sustancias no es exactamente igual en las clasificaciones imperantes (DSM-IV-TR y CIE-10). En la CIE-10 el concepto de consumo perjudicial incluye el consumo cuando esta afectando a la salud física o mental. Este consumo suele ser criticado por terceros y suele dar lugar a consecuencias adversas de varios tipos. En el DSM-IV-TR se define el abuso como el patrón desadaptativo que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos expresados por uno (o más) de los siguientes items en los últimos 12 meses:

- Consumo recurrente con incumplimiento de obligaciones.
- Consumo en situaciones en las que hacerlo es peligroso.
- Problemas legales.
- Consumo a pesar de tener problemas sociales/ interpersonales.

Dependencia

No se conoce con exactitud que porcentaje de pacientes desarrollaran dependencia, se ha descrito que el 10% de los consumidores de cannabis tiene riesgo de desarrollar una dependencia (Hall y Solowij, 1998). Las personas que desarrollan dependencia empiezan habitualmente a consumir antes, las primeras sensaciones de pérdida de control son más tempranas, tarda más en instaurarse la tolerancia al cannabis, alrededor del 25% presentan la dependencia en los tres primeros años. El 40% de los que desarrollan la dependencia se intoxicaban en situaciones en las que podían tener consecuencias negativas (laborales o sociales), (Rosenberg y Anthony, 2001). Pasados 10 años de consumo ocasional o sin abuso es raro desarrollar un síndrome de dependencia. La definición de la dependencia de cannabis es muy similar en las clasificaciones imperantes. Clásicamente al conceptuar la dependencia de sustancias se ha primado la existencia de un síndrome de abstinencia y tolerancia. Siendo criterios muy importantes se debe destacar que la no existencia de alguno de ellos, o de los dos, no excluye necesariamente la existencia de un cuadro de dependencia. En el DSM-IV-TR, a diferencia de la CIE-10, no se acepta que el cannabis produzca un síndrome de abstinencia. Según esta clasificación la dependencia es un patrón desadaptativo que conlleva un deterioro o
malestar clínicamente significativos expresados por tres (o más) de los siguientes items en algún momento de un periodo continuado de 12 meses:

- Tolerancia.
- Abstinencia.
- Tomar más cantidad o periodo más largo.
- Deseo esfuerzos controlar/reducir consumo.
- Mucho tiempo en actividades relacionadas con consumo.
- Reducción actividades.
- Se consume a pesar de tener conciencia de problemas relacionados.

 Intoxicación

Se denomina intoxicación los cambios conductuales o comportamentales, clínicamente significativos que se presentan tras el consumo de cannabis. La intoxicación se inicia con una sensación de bienestar, siendo máxima a los 10-30 minutos, cuando los niveles plasmáticos son mayores. Los efectos suelen durar 2-4 horas, la afectación conductual y psicomotora puede prolongarse durante horas, especialmente si la administración se realiza por vía oral. El consumo de cannabis produce cambios fisiológicos. Desde la perspectiva psicopatológica a dosis bajas el cannabis produce euforia, risas inadecuadas, sensación de bienestar, sedación, aumento de la autoconfianza, deterioro de la memoria inmediata y de la capacidad de juicio, dificultades para llevar a cabo operaciones mentales complejas, y alteraciones perceptivas. Las percepciones sensoriales cambian; aparece sensación de relajación, de flotar y transformación de la percepción temporal. Es muy frecuente el enlentecimiento de la percepción del tiempo. Se ha descrito aumento del deseo sexual.

A dosis medias-altas A nivel fisiológico. Aparecen las acciones de tipo adrenérgico:

- taquicardia,
- aumento de la tensión arterial,
- hiperrreflexia
- temblor
- nauseas
- debilidad muscular
- enrojecimiento conjuntival.
- polaquiuria, temblor fino y ataxia
(muy raramente).

La taquicardia leve y la hipertensión puede ser anulado parcialmente por la disminución de las resistencias periféricas, las dosis elevadas disminuyen el gasto y las resistencias periféricas.

- aparece sequedad de boca
- aumento de la sed, del apetito y de la sensación de hambre. nauseas y síntomas irritativos del      aparato digestivo
- miosis leve,
- disminución de la presión intraocular
- visión amarillenta.
- el reflejo fotomotor permanece normal.


 Síntomas de intoxicación de cannabis.

A dosis medias se presentan cambios en la vigilancia, concentración, memoria y de las actividades psicomotoras. Puede aparecer ansiedad, poco frecuente, disforia o retraimiento social. También es frecuente la aparición de síntomas maniformes (Rottamburg y cols., 1982). A dosis muy altas puede producir síntomas de desrealización y despersonalización, alucinaciones visuales, suspicacia e incluso ideación paranoide transitoria. La sobredosis de cannabis no es mortal, cuando el consumo
es exclusivo de esta sustancia. Cursa con taquicardia, ataxia, temblor, labilidad afectiva, y aumentos súbitos de la ansiedad. En ocasiones la sintomatología puede llegar a ser como una crisis de angustia, similar a los ataques de pánico.
El paciente esta desorientado témporo-espacialmente y en los casos más graves se producirá un delirium, en este estado se han demostrado en numerosos estudios déficits neuropsicológicos.

Síndrome de abstinencia

No se acepta el diagnóstico de abstinencia en el DSM-IVTR, aunque ha sido propuesta su inclusión en futuras clasificaciones (Budney y cols., 2004). Existen abundantes descripciones clínicas de cuadros abstinenciales y ha sido descrito un síndrome de abstinencia (Tabla 4.3), que aparece cuando se abandona el consumo de dosis altas de cannabis en los denominados consumidores intensos o “heavy users” (Schuckit y cols., 1999), (Baño, 2002),(Budney y cols., 2004), Haney, 2005),(Ferrer y cols., 2005) también se puede precipitar cuando se administran antagonistas cannabinoides como el SR 141716.
La sintomatología aparece a los 1-3 días, alcanzando su máxima intensidad entre el día 2 y el 6 y desaparece entre el 4 y el día 14 (Kalant, 2004), (Budney y cols., 2004). Al ser el cannabis muy lipofílico se acumula fácilmente en el organismo. La vida media en las grasas es de 8 días. El consumo con frecuencia superior a la semanal produce almacenamiento del tetrahidrocannabinol, lo que mediatiza la presencia de un síndrome de abstinencia. La vida media larga hace que el síndrome sea, normalmente, de escasa intensidad. Generalmente no suele precisar tratamiento. Sin embargo 3 de cada 4 pacientes adolescentes lo han llegado ha calificar como de intensidad moderada-grave (Vandrey y cols., 2005):

*Disforia
*Irritabilidad
*Inquietud
*Ansiedad
*Temblor
*Nauseas
*Abdominalgía
*Sudoración
*Anorexia
*Insomnio


Delirium por Intoxicación

El cannabis puede producir delirium tras el consumo de grandes cantidades. Es raro y se suele producir en el contexto de policonsumo, consumo masivo o con consumidores nóveles. Cursa con un cuadro confusional, con alteraciones amnésicas y sintomatologíade ansiedad.
Es indistinguible de los  cuadros confusionalesde otras etiologías y su curso suele ser autolimitado.

 Trastorno psicótico inducido por Cannabis

El consumo de cannabis puede producir sintomatología psicótica de hasta 6 semanas de duración. Se ha descrito la presencia de alteraciones motoras y sintomatología afectiva y psicótica. El comienzo suele ser brusco tras el consumo. Se debe tratar como el resto de los trastornos psicóticos agudos. La psicosis cannabica es una entidad nosológica utilizada (Núñez y Gurpegui, 2002), aunque no suficientemente documentada, para describir cuadros psicóticos que aparecen en el contexto de una intoxicación y persisten a pesar de eliminarse la droga. En relación a la asociación con dependencia de cannabis se han planteado diversas relaciones, desde la posibilidad de que el cannabis produzca cuadros esquizofrénicos en pacientes que nunca los padecerían, que precipite dichos trastornos en pacientes vulnerables, que reactiva sintomatología psicótica en esquizofrénicos y que la esquizofrenia predisponga al consumode cannabis. Para dilucidar estas cuestiones se han realizado evaluaciones de grupos de pacientes diagnosticados de esquizofrenia o estudios de cohortes de muestras de población, de niños, adolescentes, o adultos jóvenes.
En la actualidad se acepta plenamente que los esquizofrénicos consumen más cannabis que la población general, que en ellos el inicio del consumo esta asociado con el desarrollo de abuso y dependencia y que puede reactivar sintomatología positiva. También se conoce que la presencia de síntomas psicóticos se relaciona con el consumo de cannabis, que dicho consumo puede precipitar la aparición de trastornos psicóticos en pacientes vulnerables para la esquizofrenia, y cada día existen más evidencias de que el consumo de cannabis puede ser un factor causal en el desarrollo de esquizofrenia. Los factores más influyentes descritos frecuentemente son el inicio del consumo en edades precoces y la dosis utilizada (Roncero y cols., 2006). Autores País Año de publicación Nº personas incluidas Años de seguimiento Zammit y cols. Suecia 2002 50087 27 van Os y cols. Holanda 2002 7076 3 Arsenault y cols. Nueva Zelanda 2002 1037 15 Fergusson y cols. Nueva
Zelanda 2003 1265 21 Stefanis y cols. Grecia 2004 11048 19 Henquet y cols. Alemania 2005 3021 4
Ferdinand y cols. Holanda 2005 1580 14 Tabla 4.4:

Trastornos de Ansiedad Inducidos por Cannabis

El consumo de cannabis esta relacionado con la aparición de síntomas de ansiedad que en algunos pacientes pueden llegar a constituir auténticas crisis de ansiedad. Su aparición esta relacionada con consumidores nóveles o con la intensidad del consumo. Los trastornos de ansiedad y afectivos son los más frecuentes en consumidores de cannabis. La sintomatología de ansiedad aguda está relacionada con la intoxicación, que puede asociarse a sintomatología paranoide. Se ha descrito sintomatología de ansiedad hasta en el 22% de los casos (Thomas, 1996). El uso de cannabis es un factor de riesgo para ansiedad en adolescentes y adultos jóvenes y se ha relacionado con la dosis utilizada fundamentalmente en población juvenil, especialmente femenina (Patton y cols., 2002).

 Otros trastornos relacionados con cannabis

En las clasificaciones nosológicas no existe una categoría de trastorno afectivo inducido por cánnabis en la DSM IV-TR Sin embargo algunos estudios parecen señalar la existencia de una relación, estadísticamente significativa, entre depresión y consumo de cánnabis. En distintos trabajos se ha relacionado los cuadros depresivos con el abuso de cánnabis (Bovaso, 2002). Se ha descrito trastorno adaptativo con ánimo depresivo (16%), depresión mayor (14%) y distimia 105´5% (Troisi y cols., 1998). También se ha documentado mayor incidencia de intentos de suicidio en pacientes con abuso o dependencia de cannabis (Beautrais y cols., 1999). La asociación entre consumo de cannabis y trastornos afectivos no es tan evidente cuando se controlan ciertos factores de confusión, sugiriéndose que el consumo de cánnabis inicial es un factor de riesgo para la depresión posterior. Esta relación es más intensa en las mujeres y cuando el consumo se ha iniciado de forma más precoz y las dosis son mayores.
También la presencia de sintomatología depresiva o pseudodepresiva, que en la actualidad se relaciona con el estado de intoxicación crónica o subaguda mantenida, fue denominado en 1968, síndrome amotivacional.

Por otra parte, la relación entre cánnabis y trastorno bipolar es frecuente y compleja, hay un efecto negativo del consumo de cánnabis en su evolución y pronóstico (Goldberg y cols., 1999) e incluso se ha sugerido que podría tener un efecto provocador de la enfermedad, sobre todo en adolescentes, en conjunción con otros factores (genéticos, de personalidad, etc.) (Brown y cols., 2001). Es habitual la aparición de síntomas maniformes en el caso de una intoxicación por cánnabis (Rottamburg y cols., 1982). Es conocida la alta comorbilidad entre consumo de drogas y trastorno bipolar en dichos casos los pacientes son más jóvenes, presentan un mayor número de cambio de fases (ciclos), suelen ser cicladores rápidos, presentan unos síntomas más severos, suelen presentar un aumento de fases maníacas tras tratamiento con antidepresivos (Goldberg y Whiteside, 2002) y, en general, tienen una peor respuesta al tratamiento (Goldberg y cols., 1999), (Raymond y cols., 2003).
Otros trastornos relacionados con el cannabis como los flashbacks en los que el paciente reexperimenta alteraciones sensoperceptivas sin que exista consumo reciente, son poco frecuentes. También se ha hipotetizado dificultades cognitivas mantenidas en consumidores de cannabis, ya que los consumidores regulares de grandes cantidades tienen más probabilidades de presentar, a lo largo de la vida, peor nivel educativo, fracasos en los intentos de acceder a niveles académicos superiores
y una adaptación psicosocial globalmente más pobre de la que potencialmente presentaban antes del inicio del consumo de la sustancia (Fergusson y cols., 2003b). El hecho de que el inicio se produzca a edades cada vez más precoces supone una perspectiva cronológica desfavorecedora/ favorecedora en relación al potencial desadaptador de la sustancia, que se potencia cuanto mayor es la vulnerabilidad
del sujeto.
Finalmente el consumo de cannabis se ha asociado al consumo simultáneo de otras drogas, especialmente de alcohol y tabaco y de incremento del riesgo del posterior consumo de otras drogas, denominado “fenómeno de escalada” y del policonsumo (Calafat, 2006). Este fenómeno se ha relacionado con la vulnerabilidad genética común al consumo de las distintas drogas, la disminución de la percepción de riesgo de uso de drogas y el incremento del riesgo del uso al estar en contacto con los circuitos de distribución de otras drogas.

Conclusiones

El consumo regular de cannabis tiene capacidad de producir cambios conductuales, cognitivos y psicopatológicos en contexto de abuso o dependencia de esta sustancia.Por sus características farmacocinéticas y farmacodinámicas ha sido complicada la descripción y aceptación en algunas clasificaciones nosológicas de la existencia de un síndrome de abstinencia, que si se acepta por la mayoría de los investigadores. Tampoco existe una categoría de trastorno afectivo inducido por cánnabisen la DSM IV-TR. Sin embargo existen estudios que parecen señalar la existencia de una relación, estadísticamente significativa, entre síndromes depresivos y consumo de cánnabis. La presencia de sintomatología depresiva o pseudodepresiva se ha relacionado con el estado de intoxicación crónica o subaguda mantenida. El consumo de cannabis esta relacionado con la aparición de síntomas de ansiedad que en algunos pacientes pueden llegar a constituir auténticas crisis de ansiedad. Su aparición esta relacionada con consumidores nóveles o con la intensidad del consumo. El uso de cannabis empeora la sintomatología psicótica en pacientes esquizofrénicos y esta relacionada con la reaparición de síntomas positivos. El consumo de cannabis en pacientes vulnerables para la esquizofrenia incrementa el riesgo de aparición de la enfermedad. El consumo también ha sido relacionado con el incremento de los trastornos psicóticos en población general, especialmente cuando el consumo se inicia en la adolescencia y es repetido. No esta totalmente dilucidado, porque hay escasas evidencias, cuales deben ser las pautas de tratamiento psicofarmacológico del abuso/dependencia de cánnabis, de los distintos trastornos psicotológicos relacionados con el consumo y de la comorbilidad de otros trastornos psiquiátricos, por lo que se
hace necesario proseguir estudios clínicos que aclaren las indicaciones terapéuticas más eficaces en los trastornos relacionados con el consumo de cannabis.

domingo, 16 de agosto de 2015

Ludopatía....Adictos al Juego....




A pesar de que la conducta patológica de juego ha existido desde tiempos remotos, no fue reconocida oficialmente como trastorno hasta 1980, el año en el que la Sociedad Americana de Psiquiatría (A.P.A) lo reconoce como una enfermedad psíquica independiente.

 Posteriormente, en el D.S.M-III-R se incluye el juego patológico como uno de los trastornos del control de los impulsos no clasificados en otros apartados, junto a la cleptomanía, la piromanía y el trastorno explosivo de la personalidad.

El aumento, difusión y promoción del juego de azar junto a las escasas limitaciones en la accesibilidad al mismo, están íntimamente ligados al incremento de la incidencia y prevalencia de la ludopatía. La fácil accesibilidad a todo tipo de juegos y apuestas (bingo, máquinas tragaperras, apuestas en línea, etc.) afecta a las personas más vulnerables psicológicamente, como adolescentes, aquellas que atraviesan situaciones de estrés emocional, depresión o dificultades económicas, en los que el juego se convierte en una conducta compulsiva que mitiga el malestar emocional con el consiguiente riesgo de convertirse en adictiva.

Actualmente, se considera que la tasa de prevalencia de juego patológico en España oscila entre el 2% y 3% de la población adulta (Becoña, 1999). 

 La Ludopatía se identifica por graves problemas en limitar la cantidad de dinero o tiempo utilizado en el juego, lo que ocasiona consecuencias desfavorables para el jugador, para otros o para la comunidad.

Ya sea, en las carreras de caballos, en los juegos de azar o en un CASINO, existen personas que no pueden recrearse sanamente. La ludopatía es una perturbación del control de los impulsos.
Es una forma de adicción sin droga.“las adicciones no se limitan sólo a las conductas problemáticas generadas por algunas sustancias, lo cierto es que de conductas normales, se pueden hacer usos anormales en función de la intensidad, la frecuencia o de la cantidad de dinero INVERTIDO y en último termino, en función del grado de interferencia negativa, en las distintas áreas de la vida  de la persona, como son, su trabajo y la familia”.
Los pacientes que muestran esta condición experimentan una progresiva inhabilidad para resistir los impulsos de jugar, de tal manera que el juego llega a perturbar significativamente su actividad a nivel personal, familiar, financiero, ocupacional y social.

Lo importante es que la persona o su entorno, analice la conducta que padece y vea si es algo que se prolonga en el tiempo (al menos un año) y si además ha dejado de cumplir con sus obligaciones, ya sea laborales o educacionales.

 También es positivo analizar si presenta problemas legales y/o económicos, por esta  causa, y a pesar de todo, las personas con esta enfermedad persisten en seguir jugando y si su vida diaria, gira en torno a facilitar esta conducta, se esta en presencia de una ludopatía”. La problemática también presenta síntomas físicos como una excesiva sudoración en las manos, aumento de la frecuencia cardíaca y náuseas.

Este trastorno es más frecuente en hombres que en mujeres, porque generalmente estas son mucho más reacias a buscar ayuda profesional, quizás debido a la mayor estigmatización social (DSM-IV-R). Por otra parte; investigaciones realizadas por  Consuelo Llinares Pellicer; Patxi Santos Diez; Carmen Albiach; Inma Camacho Ferrer; Carmen Palau Muñoz en su estudio "Diferencias de sexo en adictos a las máquinas Tragaperras", encontraron diferencias estadísticamente significativas en el modo de vida (las mujeres viven solas con hijos o en casa de acogida) y situación laboral (la mujeres están paradas, realizan labores de amas de casa y si trabajan lo hacen en trabajos poco cualificados).En cuanto a las variables psicopatológicas destacar que las mujeres presentan niveles de depresión más severos que los hombres. Esta diferencia puede ser debida a la situación socioeconómica precaria y a la escasez de apoyo, o también puede ser el reflejo de la tendencia en población general.

La psicopatología asociada más frecuentemente al juego patológico es la depresión, ansiedad y el abuso de alcohol (DSM-IV-TR). De hecho, la tasa de prevalencia del consumo abusivo de alcohol entre los ludópatas oscila alrededor del 15%-20% (Báez y Echeburúa 1994).

 Los hombres manifiestan una preferencia por las máquinas recreativas y tienen frecuentemente un historial de abuso de alcohol o de conductas antisociales y muestran rasgos de impulsividad o de búsqueda de sensaciones (Corral, Echeburúa e Irureta, 2005).

Las mujeres prefieren el bingo, las loterías, apuestas en casinos y jugar en locales de juego, bingo
y casinos (Hing y Breen, 2001). Por otro lado, Ladd y Petry (2002) encuentran en su estudio que las mujeres empiezan a jugar y solicitan tratamiento más tarde que los hombres.

De todos modos; los estudios realizados en función del sexo son claramente más numerosos en las adicciones a sustancias que en el juego patológico (Martins, Lobo, Tavares y Gentil, 2002).









www.socidrogalcohol.org. ADICCIONES, 2006 • Vol.18 Núm. 4 • Págs. 371-376 371
Patxi Santos Diez. U.A. Valencia. C/ Flora, 7. 46010. Valencia. Correo Electrónico: patxisan@correo.cop.es

sábado, 15 de agosto de 2015

Juego Patológico en Adolescentes







RESUMEN

Se presentan los resultados obtenidos en un grupo de menores (8-17 años) dentro de un estudio epidemiológico sobre el juego de apuesta y el juego patológico realizado en el municipio de Punta Umbría (Huelva). Los datos se recogieron sobre una muestra de 130 sujetos, utilizando el South 
Oaks Gambling Screen (SOGS-RA) para adolescentes, donde podemos observar que el 83,1% no presentaría problemas de juego, el 11,5% sería jugador con problemas leves y el 5,4% podría considerarse como probable jugador patológico. Tras describir distintas características sociodemográficas, ofrecemos información sobre frecuencia y uso de drogas en los jugadores. Destacamos que el 14,3% de los jugadores patológicos fuman diariamente, dándose igual porcentaje para el consumo de alcohol. Por otra parte, el 71,5% de los jugadores patológicos superan los 17 puntos en el CDI, llegándose al 42,9% que tendría pensamientos de suicidio, aunque no llegaría a realizarlo.

 Palabras Claves:  Juego patológico, Menores de edad, Uso de drogas, Abuso de Alcohol.

SUMMARY

This paper is a presentation of the results which were obtained from an epidemical study on gambling and pathological gambling carried out in the town of Punta Umbría (Huelva-Spain). It shows the data collected from a sample of 130 subjects who are under age (8-17 age), using the South Oaks Gambling Screen (SOGS-RA) for adolescents, where it can be observed that 83,1% do not
present any gambling problems, 11,5% are would be gamblers with slight problems and 5,4% could be classified as probable pathological gamblers. After describing different sociodemographic characteristics, we offer information about the frequency and use of drugs in the gamblers. It can be noted that 14,3% of the gamblers are daily smokers, with the same percentage consuming alcohol. On the other hand, 71,5% of gamblers go over the 17 points on the CDI, and 42,9% could think of committing suicide, although they would not reach the point of doing so. Key words: Pathological gambling, children under age, Use of drugs, Abuse of Alcohol.

ADICCIONES, 2000. www.socidrogalcohol.org

INTRODUCCION

Está bien documentado que, desde 1936, el juego ha experimentado un continuo y rápido crecimiento
en la mayoría de los países (Frey, Eadington, 1984; McMillen, 1996). Una causa para este crecimiento que ha sido compartida por diversos autores es la disponibilidad de los juegos (Cornish, 1978; Connors, 1983; Dickerson, 1984; Orford, 1985). Sin embargo, la afirmación de que el rápido crecimiento del juego es atribuible a la legalización y a la accesibilidad al juego, puede ser considerado al menos incompleto; ya que toda actuación sería inútil si no hubiera un deseo de jugar por parte de la gente. Incluso en las sociedades donde el juego ha sido prohibido éste ha florecido (Dixon, 1996).

Para Ladoucer y Walker (1998) la naturaleza esencial del juego es que el dinero (o su equivalente) se
arriesga en el incierto resultado de un suceso, sujeto a ciertas condiciones: a) el juego ocurre en un contexto de grupo donde después de los costos, tasas y ganancias, el dinero apostado por los perdedores es redistribuido a los ganadores y b) la redistribución del dinero es independiente de cualquier otra empresa comercial relacionada con el suceso de jugar.

 El juego patológico fue reconocido oficialmente como entidad nosológica de salud mental en el año 1980 cuando la Sociedad Americana de Psiquiatría lo incluye por primera vez como trastorno en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, en su tercera edición (D.S.M.III) (APA, 1980). En ella,
los criterios diagnósticos del juego patológico aparecenreflejados entre los trastornos de control de
 impulsos no clasificados en otras categorías o trastornos residuales. El rasgo básico que caracteriza al jugador patológico es “un fracaso crónico y progresivo en la capacidad de resistir los impulsos a jugar y de la conducta de jugar, fracaso que compromete, altera o lesiona los intereses personales, familiares y vocacionales” (APA, 1987, 388). En 1987, cuando se publica la revisión del Manual (D.S.M.III-R) se producen cambios importantes en la consideración que del juego patológico se tiene, centrando el interés en aspectos como los síntomas fisiológicos de la abstinencia y tolerancia.
Por su parte, la cuarta versión del DSM (APA, 1995) mantiene que la característica esencial del juego patológico “es un comportamiento de juego, desadaptativo, persistente y recurrente” y se han de cumplir al menos cinco de los criterios indicados en la Tabla 1; así mismo reflejamos la propuesta de Fisher (1992) para ajustar los criterios en niños de entre 11 y 16años (DSM IV-J). 494 .Estudio descriptivo sobre el juego patológico en estudiantes (8-17 años).

 Criterios diagnósticos del juego patológico en el D.S.M.IV. y DSM IV-J. DSM IV

01. Preocupación por el juego.
02. Necesidad de jugar con cantidades crecientes
de dinero para conseguir el grado de excitación
deseado.
03. Fracaso repetido en el esfuerzo de para controlar,
interrumpir o detener el juego.
04. Inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir
o detener el juego.
05. El juego se utiliza como estrategia para escapar
de los problemas.
06. Después de pérdidas se regresa para recuperar.
07. Se engaña a los miembros de la familia y otros
para ocultar el grado de implicación con el juego.
08. Se comenten actos ilegales para financiar el juego.
09. Se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales,
trabajos etc.
10. Se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la desesperada situación financiera.

Las definiciones dadas en las distintas versiones del DSMIV asumen que en la población existen, al menos, dos tipos de jugadores: los sociales y los patológicos. Mientras los primeros serían aquellos que juegan esporádicamente y tienen control sobre su  conducta, los jugadores patológicos se caracterizarían por jugar frecuentemente y sin control de su conducta de juego. Shaffer, Hall, Vander (1997) agrupan a los jugadores en tres niveles, que bien pudieran representarun continuo de incremento en las conductas de jugar y los problemas asociados. Nivel 1.- juego social o recreacional sin consecuencias significativas. Nivel 2.- juego con problemas moderados y Nivel 3.-conductas de juego que resultan en múltiples problemasy es consistente con los criterios del DSM .

 Por su parte, Ochoa y Labrador (1994) proponen cuatro grupos de jugadores: los jugadores sociales, los jugadores profesionales, los jugadores problemas y jugadores patológicos (adicto y dependiente, respectivamente, en la terminología de Irurita, (1996). Hoy en día hay que reconocer que aún no se dispone de datos concluyentes en el estudio de la personalidad de los jugadores, no hay una evidencia
empírica ni teórica que permita caracterizar a éstos como grupo homogéneo (Fernández, Echeburúa,
Báez, 1999). Sólo mencionar que los dos aspectos que más han llamado la atención en el estudio de la personalidad son el constructo de búsqueda de sensaciones (Zuckerman, 1979; Brown, 1993) y los trabajos sobre impulsividad (Castellani, Rugle, 1995; Steel, Blaszczynski, 1996; Fernández, Echeburúa, Báez, 1999). Por otra parte, y dada la alta incidencia de antecedentes
familiares de ludopatía observada en muestras clínicas de jugadores patológicos (20%-35%, si
 se considera a familiares de primer grado y/o segundo grado respectivamente) se está desarrollando la investigación genética para determinar cuáles son los genes candidatos específicos del trastorno como así ocurre en otras adicciones (Cadoret, Yates, Troughton, Woodworth, Stewart, 1995; Saiz, Ibáñez, 1999). Entre los rasgos clínicos se ha podido constatar que los jugadores patológicos obtienen puntuaciones superiores en depresión a las de la población control y una mayor presencia de acontecimientos vitales significativos y con episodios de depresión mayor si se evaluaban retrospectivamente (Roy, Ardinoff, Roehrich, Lamparski, Custer, Lorenz, 1988; McCormick, 1993; Becoña, 1993; Becoña, Lorenzo, Fuentes, 1996; Crockford, el-Guebaly, 1998). Al igual que con los estados afectivos, y relacionado con ellos, parece que se dan ciertas coincidencias entre actividades de juego y el suicidio (Phillips, Welty, Smith,  1997). La ejecución de conductas de juego suele realizarse en contextos donde las posibilidades de acceder a ciertos tipos de sustancias (vg. alcohol, tabaco) son altas y reforzadas. En este sentido ha existido una cierta preocupación por conocer las relaciones que puedan darse entre el consumo de sustancias adictivas y el juego. Así Lesieur (1985) ya señalaba que el 15% de los jugadores patológicos también mostraban adicción al alcohol y/u otro tipo de drogas. En España la situación es similar, se observa como el 25% de los jugadores patológicos consumen 100cc o más de  alcohol frente al 5% de la población general que lo hace en ese nivel. Rodríguez Martos (1987) encuentra que el 15% de las personas diagnosticadas como alcohólicas muestran un doble diagnóstico de juego patológico. En grupos de menores y con relación al uso de tabaco, el 16,3% de los que decían consumir actualmente presentaban problemas con el juego y el 11% de los que reconocían beber (Arbinaga, 1996). Pero junto a este tipo de alteraciones que sufren los jugadores podemos observar un conjunto de manifestaciones relacionadas con la abstinencia al juego. En los momentos de abandono de la actividad de jugar aparece un fuerte deseo de volver a jugar y un aumento de la irritabilidad (Wray, Dickerson, 1981). Sobre una muestra de 222 jugadores patológicos (Rosenthal, Lesieur, 1992) destaca que el 24% se considera alcohólico y el 18% adicto a drogas. El 65% de los jugadores ha padecido al menos uno de los siguientes síntomas de abstinencia: insomnio, dolor de cabeza, trastornos digestivos o diarrea, pérdida delapetito, debilidad física, palpitaciones, dificultad en respirar, temblor, calambres, sudoración, dolores musculares,fiebre y el 91% reconocía experimentar “craving”(ansia por jugar).Las principales fuentes de información epidemiológica,en la literatura internacional, las encontramos en los trabajos  procedentes de EEUU, Canadá, Australia y países avanzados de Europa, Reino Unido, Alemania, Francia (Gallup, 1976; Meyer, 1986; Dickerson, Hinchy, 1988; Volberg, Steadman, 1988; Volberg, 1990; Ladoucer, 1991; Shaffer, Hall, 1996; Shaffer y cols., 1997; National Opinion Research Center, 1999; entre otros). Por parte de nuestro contexto más cercano, y al mismo nivel de análisis global, destacan diversas investigaciones sobre la incidencia del juego en las Comunidades Autónomas de Andalucia (Legarda; Babio, Abreu, 1992; Irurita, 1996; Tejeiro, 1998), Galicia (Becoña, Fuentes, 1995; Becoña, 1991) y en Cataluña (Cayuela, 1990). En el ámbito internacional la tasa de prevalencia del juego patológico en la población adulta se sitúa entre el 2%-3%, según lo manifestado en el DSM-IIIR (APA, 1987) y el 0,5%-3% según otros estudios realizados (Allcock, 1986; Volberg y cols. 1988). A partir del meta-análisis realizado por Shaffer, Hall y Bilt (1997), sobre 18 estudios llevados a cabo entre el año 1988 y 1997, en los Estados Unidos y Canadá, se encuentra que la prevalencia, a lo largo de la vida de jugadores patológicos (nivel 3), se mueve en el rango del 0,1% al 3,1%, con una media de 1,5%. La estimación combinada de los problemas de juego y la prevalencia de los probables patológicos (nivel 2 y 3) se sitúa entre el 2,3% y el 12,9%, éstos sobre 15 estudios, y con una media del 5,4%. En 1986, la Comisión Nacional del Juego publica en nuestro país “El Libro Blanco del Juego” donde se pone de manifiesto que el 79,2% de los mayores de 16 años reconoce jugar en mayor o menor medida, perfilándose un jugador tipo. Estudios más recientes, desde el año 1990, nos mantienen en niveles de incidencia poblacional entre valores que oscilan, para jugadores problemas del 1,6% (Becoña, 1991) al 5,2% de Legarda y cols. (1992) y, para jugadores patológicos del 1,4% encontrado por Becoña y Fuentes (1995) al 1,9% de Tejeiro (1996).

En Andalucía, los datos de Irurita (1996) nos reflejanque el 1,8% del conjunto de la población andaluza probablemente sea jugadora patológica frente al 4,4%que mantendría problemas leves conel juego. Considerando los resultados obtenidos en las tasas por tipo de jugador para cada provincia destacan las zonas de Cádiz (11,5%), Málaga (8,3%) y Jaén (7,2%). Por su parte, Huelva presentaría un 4,18% en ambas categorías situándonos en la sexta provincia de nuestra comunidad.
Recientemente, en el panorama internacional se ha publicado nueva información sobre jóvenes, donde Westphal, Rush, Stevens y Johnson (2000) con una muestra de 11.736 estudiantes (6º-12º grado) reflejan que el 10,1% de los mismos indicaban problemas con el juego durante el año anterior y el 5,8% podía presentar un juego patológico. Estos porcentajes podíanaumentar considerablemente llegando hasta el 11% o el 19,9% cuando se consideraban según los grados o cursos en los que se recogía la información. En nuestro país los estudios sobre menores de edad han comenzado a realizarse desde el año 1996 y los esquematizamos en la Tabla 2. Hay que decir, que no es de extrañar que las tasas de juego en población menor de edad sean mucho más altas que las informadas en grupos de adultos; ya 496 Estudio descriptivo sobre el juego patológico en estudiantes (8-17 años)


Revisando los datos informados sobre grupos de menores vemos que los varones juegan más que las mujeres (Arbinaga, 1996; Becoña, Gestal, 1996; Villa, Becoña, Vázquez, 1997). Así 
mismo, si se considera la edad, tanto Arbinaga (1996) como Villa, Becoña, Vázquez (1997) encuentran los porcentajes mas altos en los sujetos mayores de 13 años, mientras Becoña y Gestal (1996) señalan a esta edad como la más problemática dentro del grupo de jugadores patológicocon el 37% de los mismos. De los estudios realizados en nuestro país sobremenores de edad sólo dos preguntaban por los antecedentes familiares relacionados con el juego (Becoña,Gestal, 1996; Villa,  Becoña, Vázquez, 1997). En este sentido, los datos resultan contradictorios ya que la opinión mayoritaria de los jugadores patológicos a la pregunta que se les hace sobre si sus padres juegan a juegos de apuestas, el 48,1% y 38,2% dicen que sí, respectivamente en ambos estudios; aunque son pocos los que reconocen que alguno de ellos juega demasiado. Tampoco coinciden los trabajos cuando se trata de identificar al que juega demasiado; así, el 66,7% de los jugadores patológicos dicen que ambos juegan demasiado y un 33,3% diría que es el padre (Becoña, Gestal, 1996) frente al trabajo de Villa y cols (1997) donde el 40% dice que son ambos los que juegan demasiado, otro 40%dice que es la madre y sólo el 20% dice que es el padre. Para finalizar queremos hacer mención al trabajo de Villoria (1999), que si bien no trabaja con menores de edad, aporta datos recogidos en muestras de universitarios sobre actitudes hacia el juego y hacia el jugador patológico, entre otros aspectos. En él se nos indica que se ha producido un cambio de actitud social  respecto al consumo de drogas, especialmente con el alcohol; sin embargo, el juego patológico sigue sumergido en un prejuicio social con amplias repercusiones en la prevención y rehabilitación.
Decir, por último, que cuando se busca caracterizaral jugador en nuestro país (Becoña, 1999) los datos nos vienen a mostrar una realidad coincidente con la encontrada en otras zonas como los EEUU (National Opinion Research Center, 1999; Volberg, 1993) y Canadá (Ladoucer, 1991).

Partiendo de esta base, entre los objetivos que contemplábamos al inicio de este trabajo destacamos
el aportar datos que permitan ampliar cuantitativa y cualitativamente la información sobre la adicción al juego en nuestro país. Conocer la prevalencia en elconsumo de juegos de apuestas y los niveles de
juego patológico entre los menores de edad del municipio de Punta Umbría (Huelva), como base para el ulterior diseño de protocolos de intervención, tanto preventivos como asistenciales.

El estudio ha sido realizado en la provincia de Huelva. Su ubicación dentro de la provincia, en la zona sur, centro de la costa, la convierten en una demarcación geográfica privilegiada para el turismo y el ocio. Junto al turismo, el municipio se caracteriza, en el conjunto de la provincia, por el desarrollo de una actividad productiva inmersa en el ámbito de la pesquería (Serna, 1996).
La provincia de Huelva en 1996, presentaba una población censal de 452.822 personas (Instituto
Nacional de Estadística, 1996). El municipio de Punta Umbría, por su parte, reflejaba una población de 10.888 personas, situándose entre los diez términos municipales de mayor población de la provincia (ésta cuenta con 79 municipios), y perteneciendo a una de las zonas, la de costa, que resulta en una de las de mayor densidad en habitantes. En el censo se puede observar que el 49,1% son mujeres y el 79,1% es menor de 50 años. El intervalo de edad considerado para nuestros intereses (8-17 años) implica al 17,75%  de la población (n=1.932) siendo el 50,3% hombres y el 49,7% mujeres.
Para la recogida de información se realizó un muestreo estratificado, proporcional aleatorio, considerando el criterio de clasificación la edad y el sexo. El error establecido para la determinación  del tamaño muestral es de + 4% (e = 0,04) y un nivel de confianza del 95,5% (Tagliacarne, 1962), esto hace que el número de personas requeridas para caracterizar a la muestra para una población como la comentada sea de 588 sujetos. Una vez recogida la información, la muestra quedó compuesta por 616 individuos, con edades comprendidas entre los 8 y los 79 años. Nosotros presentaremos los datos que se obtuvieron en la población menor o igual a 17 años. Ésta se compuso de 130 personas (45,4% mujer y 54,6% varón).
Procedimiento

La recogida de información fue realizada por un total de cinco personas, cuatro estudiantes de los últimos cursos de psicología de la UNED y el coordinador, identificadas con una autorización municipal. Todos se sometieron a cinco sesiones de formación sobre: juego, instrumentos, metodología de trabajo, instrucciones etc.. Decir que para los análisis estadísticos se ha utilizado el SPSS-PC 6.0. El período durante el que se procedió a la recogida de la información fue el que medió entre el 2 de octubre y el 1 de noviembre de 1999. Las horas sobre las que se trabajaba eran las lectivas del colegio o instituto. Para la recogida de la información se contó con la
colaboración de la dirección de los centros escolares y los tutores. Seleccionados los niveles académicos, la representación por sexos y las clases donde se pedirían los voluntarios se acudía en horas de tutoría. Cuando se disponía de los sujetos, elegidos al azar entre los voluntarios, se les trasladaba a un aula preparada para el caso. Se les daba las instrucciones, unificadas para todos los grupos, insistiendo en el carácter anónimo, y se les mantenía separados para garantizar la confidencialidad de las respuestas. Se insistía en qué se consideraban juegos de apuesta y se mencionaban ejemplos. Con los sujetos de 8 a 11 años, se establecían grupos de tres a los que se dirigía un colaborador de manera específica, éste les leía cada una de las preguntas y el joven respondía tras la lectura de cada una de ellas. El colaborador solía aclarar cada una de las
preguntas asegurándose que el joven entendiese las cuestiones. El colaborador no veía las respuestas
 dadas por los jóvenes, ni éstos las de sus compañeros.

RESULTADOS

Los resultados obtenidos en la evaluación de la prevalencia de las conductas de juego en el grupo de
 menores nos muestran que el 83,1% son sujetos que no tendrían problemas con el juego. El 11,5% mantendría problemas leves con el juego y el 5,4% podríamos clasificarlo con mucha probabilidad como jugador patológico.
Como pudimos observar ver el 71,5% de los jugadores patológicos tienen entre 12 y 15 años, frente al 60% que representan dichas edades en el grupo de problemas leves. El intervalo de edad dominante entre los jugadores patológicos es el de 12-13 años (42,9%); sin embargo, en los problemas leves la distribución es mayor y destacan los 14-15 años (46,7%) y puntúan en el grupo 6-17 años.
De manera resumida podemos decir que la principal motivación alegada para jugar por el grupo de jugadores patológicos, y unificando las respuestas en sólo dos categorías (“nunca he jugado por..” y “alguna vez he jugado por…”), es la de entretenerse (85,7%), seguida por la de ganar dinero (71,5%), a continuación por las sensaciones obtenidas con el juego (57,1%), la influencia de los amigos se iguala a la de no poder dejar de jugar una vez que ha iniciado el juego (28,6%), siendo la motivación menos alegada la de jugar para olvidar los problemas (14,3%).

Si el tipo de juego lo observamos desde la óptica del grupo de jugadores patológicos veríamos que el
57,1% dice haber jugado a las cartas; por su parte, al bingo, las máquinas tragaperras, rascar cartones y acara o cruz lo reconocen el 42,9% del grupo, el 28,7%dice haber jugado a las loterías, dados, deportes de equipo o juegos de habilidad y sólo el 14,3% reconoce haber apostado a carreras de animales.

A la hora de intentar determinar posibles influencias sobre las conductas de juego en los jóvenes, desde el seno familiar o en el contexto del domicilio, podemos observar que el 85,7% de los jóvenes jugadores patológicos reconoce que viven con alguien que juega apostando. Igual porcentaje reconoce que alguno de sus padres juega, y cuando se le pregunta quién es el que juega el 66,7% de los jugadores con una probable patología dicen que lo hacen ambos progenitores.
Si la cuestión la centramos en conocer cómo valoran las conductas de juego de los padres, el
28,6% de este grupo dice que alguno de sus padres juega o ha jugado demasiado; siendo reconocido el padre en el 50% de los casos y ambos en la otra mitad. La madre no se reconoce en ninguno de los dos grupos con posibles problemas.

130 jóvenes el 50,8% reconoce que, en los últimos seis meses, ha probado alguna vez una o más drogas. Entre los jugadores patológicos el 71,4% reconoce el uso de dos sustancias y el 28,6% de una sola. En el grupo de sujetos con problemas leves el 80% dice haber probado dos o más drogas para igual período temporal.
Concretando el tipo de sustancia que se reconoce como consumida  observamos que entre los jugadores patológicos hay tres sustancias, que con una u otra frecuencia se consumen actualmente (alcohol, tabaco, porros) destacando los grupos de jugadores patológicos que actualmente consumen alcohol y tabaco. Queremos llamar la atención sobre ese 42,9% de jugadores patológicos que han consumido tranquilizantes, aunque ahora no lo hagan. En el grupo de jóvenes con problemas leves de juego destaca que el 73,3% de los mismos consume alcohol en la actualidad y un 46,7% lo hace con el tabaco. 

Como vemos, las principales sustancias entre los jugadores, al igual que en el resto de la población, son el tabaco y el alcohol. Si nos acercamos a la intensidad en el consumo de tabaco o cantidad de cigarrillos fumados en el día, los sujetos probables patológicos en un 28,6% dice fumar hasta 10 cigarrillos. Entre los jugadores con problemas leves este porcentaje queda en el 33,3% y un 13,3% de los mismos dicen llegar hasta los 20 cigarrillos al día.

Por último, haremos una breve referencia a los resultados obtenidos en el cuestionario utilizado para
medir alguna alteración en el estado afectivo. En el conjunto de la muestra el 59,2% presentaría una puntuación, que para los criterios del instrumento utilizado, sería de normal en síntomas de depresión y un 18,5% presentaría una sintomatología de este tipo entre moderada y severa. En los sujetos sin problemas de juego los porcentajes representarían el 71,3% y el 6,5% respectivamente, aumentando considerablemente su peso para los grupos de problemas leves y una probable patología (Tabla 5).


CONCLUSIONES

Los datos nos reflejan que considerando el conjunto de la muestra (n=130) el 83,1% no presentaría problemas con el juego, el 11,5% estaría formando el grupo de sujetos con problemas leves y en el 5,4% habría que considerar la posibilidad de que estuviéramos ante un grupo de jugadores con una  patología relacionada con el juego. Estos datos, aunque puedan resultar altos, cuando  observamos los aportados en otros estudios de nuestro país, vienen a coincidir con lo informado por algunos autores en el ámbito internacional tanto para grupos de adultos (Shaffer, Hall, 1996;, Shaffer, Hall, Bilt, 1997) como para grupos de adolescentes (Westphal, Rush, Stevens, Johnson, 2000). Así, Shaffer y Hall (1996) basándose en un meta-análisis de los estudios realizados en ocho estados de los Estados Unidos y cuatro provincias del Canadá, sobre un total de 19.000 sujetos, estimaron la prevalencia de los problemas de juego en el 14,8% y una prevalencia del juego patológico del 5,8%. Posteriormente, Shaffer, Hall y Bilt (1997) concretaron que el porcentaje representado por los niveles 2 y 3 del juego vendrían a situarse entre el 2,3% y el 12,9% y con una media del 5,4%; y si sólo se consideraba el nivel 3 (probable patología) los porcentajes se moverían entre el 0,1% y el 3,1%, con una media del 1,5%. Por su parte, Westphal, Rush, Stevens y Johnson (2000) sobre una muestra de 11.736 estudiantes desde 6º grado al 12º grado de las escuelas de Louisiana, durante los años 1996 y 1997, reflejaron que el 10,1% de los jóvenes indicaban problemas con el juego durante el año anterior y el 5,8% podía presentar un juego patológico (con intervalos de confianza al  95% que giraban desde el 9,6% al 10,6% y entre el 5,3% al 6,1% respectivamente). Los porcentajes aumentaban cuando se consideraban según los grados o cursos en los que se recogía la información, llegándose al 11% en el grado 11º y al 19,9% en los grados 7º y 8º. Sin embargo, era de esperar que fueran mucho más altas las tasas en este grupo que en el de los adultos, ya que teniendo en cuenta las revisiones existentes en la literatura se nos indica que las tasas de los adultos pueden incluso multiplicarse por cinco en el caso de que estemos estudiando a jóvenes adolescentes (Lesieur, Blume, 1991; Ladoucer, Mireault, 1988, Fisher, 1992, Fisher, 1993, Westphal, Rush, Stevens, Johnson, 2000). Por último, cuando comparamos nuestros datos con los recogidos en entornos más próximos pero en adultos (Legarda, Babio, Abreu, 1992, Irurita, 1996,
Tejeiro, 1998) se observa que para la combinación de ambas categorías de problemas con el juego (problemas leves y probable patología) tendríamos a un 6,9% de los sujetos muestreados en la ciudad de Sevilla, a un 5,7% de los sujetos en la ciudad de Algeciras y a un 6,2% en el conjunto de la comunidad de Andalucía. Estos datos globales aumentan considerablemente en el trabajo de Irurita (1996) si revisamos la información de las dos categorías de problemas con el juego unificadas para las ciudades de Cádiz (11,5%), Málaga(8,3%) y Jaén (7,2%).

Realizando un breve repaso a los datos obtenidos vemos que los hombres presentan mayores problemas con el juego, sin embargo las mujeres muestran  mayor peso en el grupo de los problemas leves, a diferencia de los trabajos ya mencionados (Arbinaga, 1996; Becoña, Gestal, 1996; Villa, Becoña, Vázquez, 1997).

 Así mismo, los jugadores patológicos muestran una satisfacción muy baja con los estudios que realizan.

En cuanto al motivo alegado destacaríamos que el 57,1% de los jugadores patológicos reconoce que alguna vez ha jugado por las sensaciones obtenidas durante el juego y un 28,6% por que no puede dejar de jugar una vez que ha comenzado la actividad. Si revisamos los tipos de juego en el grupo con más problemas, vemos que es frecuente jugar a actividades no permitidas a los menores; que si bien para algunas (cartas, bingo…) hay la posibilidad de desarrollarse en domicilios privados, y por tanto puede existir un menor control, otras han de hacerse en locales públicos (máquinas tragaperras).

Si hablamos del consumo de drogas entre los jugadores patológicos el 14,3% dice consumir de
manera diaria tabaco y/o alcohol; porcentajes que aumentan considerablemente en lo que representan dentro del grupo de jugadores con problemas leves, situándose por encima de la media poblacional y similares a los encontrados por Arbinaga (1996).

A la vista de los resultados encontrados pensamos en la necesaria atención que deben recibir problemas como el que tratamos en municipios pequeños o medianos, donde, por sus peculiares características, la oferta de juegos es amplia. Así mismo veríamos conveniente el diseño de protocolos de actuación dirigidos a grupos específicos, que permita una asistencia
global y generalizada a todo el espectro de patologías que pudieran asociarse al juego. Prestando especial atención a la evaluación de éste en los centros específicos de asistencia a drogodependientes.
Un problema como el juego patológico, donde la incidencia en la adolescencia es relevante, ha de
entenderse en un proceso temporal, que actualmente es creciente. Sólo así se podrá comprender la importancia de las medidas dirigidas a objetivos de prevención primaria; teniendo como lugar de referencia el nivel escolar.

www.socidrogalcohol.org

Adiccion a los Videojuegos.......






ADICCIÓN A LOS VIDEOJUEGOS

El 20% los video-jugadores desarrollan conductas adictivas

El fenómeno puede producir costos a largo plazo como adicciones a otros tipos de juegos.

Click para agrandar

Los especialistas recomiendan que se apliquen horario y días de juego.

Quienes presentan adicción, dejan de lado su vida normal por jugar.





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Viernes, 11 de Junio de 2010
Por: Daniela Alruiz


Dificultad de concentración, postergación de actividades y ansiedad son algunos de los síntomas que niños y adolescentes, expuestos a videojuegos, pueden presentar. Algunos estudios preliminares también afirman que la exposición a violencia en los medios puede cambiar la respuesta cerebral a estímulos corrientes.

Los especialistas señalan que entre un 15 a 20 % del total de jugadores desarrollan conductas adictivas. Son personas que por lo general juegan con mayor frecuencia, postergando sus actividades de la vida diaria por los videojuegos.

La sicóloga especialista en adicciones, Taía Viera, señala que “alguien que tiene adicción a los videojuegos tendrá costos a largo plazo. A corto plazo se puede convertir en una persona poco sociable, que su vida gire entorno a los computadores y videojuegos. Como se transforman en personas adictas a esta adrenalina, lo más probable es que a la larga empiecen a incursionar en otro tipo de juegos, que ya no les sea suficiente el videojuego, sino que empiecen a asistir a los casinos y jugar dinero”.

A juicio de la especialista, el problema es que en muchos casos, los videojuegos son utilizados como método para escapar de la realidad, presentando serias alteraciones a nivel social y familiar.

Los especialistas señalan que los padres deben tomar precauciones como ubicar el computador, o consola, en espacios comunes de manera de guiar y supervisar el uso adecuado y definir horarios y días para la utilización de los videojuegos para que no pierdan la noción del tiempo transcurrido.


Anexo 1. La versión definitiva del cuestionario CERV
Cuestionario CERV

A continuación encontrarás algunas afirmaciones sobre tu uso de los videojuegos. Lee atentamente cada frase e indica la frecuencia. Señala la respuesta que más se aproxime a tu realidad:.

a) Nunca /Casi Nunca
b) Algunas Veces
c) Bastantes veces
d) Casi Siempre

1. ¿Hasta qué punto te sientes inquieto por temas relacionados con los videojuegos? a b c d
2. ¿Cuando te aburres, usas los videojuegos como una forma de distracción? a b c d
3. ¿Con que frecuencia abandonas lo que estas haciendo para estar más tiempo jugando a
videojuegos? a b c d
4. ¿Te han criticado tus amigos o familiares por invertir demasiado tiempo y dinero en los
videojuegos o te han dicho que tienes un problema, aunque creas que no es cierto ? a b c d
5. ¿Has tenido el riesgo de perder una relación importante, un trabajo o una oportunidad
académica por el uso de los videojuegos? a b c d
6. ¿Piensas que tu rendimiento académico se ha visto afectado negativamente por el uso de
los videojuegos ? a b c d
7. ¿Mientes a tus familiares o amigos con respecto a la frecuencia y duración del tiempo que
inviertes en los videojuegos? a b c d
8. ¿Cuando tienes problemas, usar los videojuegos te ayuda a evadirte ? a b c d
9. ¿Con qué frecuencia bloqueas los pensamientos molestos sobre tu vida y los sustituyes por
pensamientos agradables de los videojuegos ? a b c d
10. ¿Piensas que la vida sin videojuegos es aburrida, vacía y triste? a b c d
11. ¿Te enfadas o te irritas, cuando alguien te molesta mientras juegas con algún videojuego? a b c d
12. ¿Sufres alteraciones de sueño debido a aspectos relacionados con los videojuegos? a b c d
13. ¿Cuando no juegas con videojuegos te sientes agitado o preocupado? a b c d
14. ¿Sientes la necesidad de invertir cada vez más tiempo en los videojuegos para sentirte
satisfecho? a b c d
15. ¿Quitas importancia al tiempo que has estado jugando con videojuegos? a b c d
16. ¿Dejas de salir con tus amigos para pasar más tiempo jugando con videojuegos? a b c d
17. ¿Cuando utilizas los videojuegos, te pasa el tiempo sin darte cuenta? a b c d

Andrés Chamarro, Xavier Carbonell, Josep Maria Manresa, Raquel Muñoz-Miralles, Raquel Ortega-González,
M. Rosa López-Morrón, Carme Batalla-Martínez, Pere Torán-Monserrat



sábado, 1 de agosto de 2015

Ultima Estación.........









Ximena (Esposa de Rafael):  Desde hace unos diez años mi marido comenzó a quedarse en cama algunos  fines de semana;  alegaba que estaba desanimado, sin fuerza, que el trabajo lo mataba. Dejó de hacer deporte y se alejo de la familia. Años después comenzó a extender estos bajones de ánimo hasta el lunes o martes....descuidaba su trabajo. Siempre fué a médicos que le diagnosticaban depresión y algunos hasta de ser Bipolar. Le daban tranquilizantes antidepresivos.... El era un hombre tranquilo y se volvió violento y escandaloso......Se puso celoso, cuando nunca antes lo fué, me revisaba el teléfono, hasta mi ropa interior.... me hacía escenas al llegar de madrugada.... no sabía que pasaba con él.....siempre supe que el bebía mucho alcohol....pero por lo general lo hacia después del trabajo, en casa, pero ahora se perdía por un día completo y llegaba de madrugada.....apagaba el celular y yo no dormía esperando que llegara, con miedo a que le pasara algo, que chocara en auto.....


Como suele ocurrir, desde la marihuana Pablo ingresó al mundo de la cocaína :

Luego de regresar de estudiar en EE.UU. estuve bien como dos años, luego conocí la cocaína. No me duro mucho más el carrete.Durante años consumí cualquier cantidad. Agarraba la jeringa y  me inyectaba. Ya estaba casado. Pero me iba de la casa, me volvía loco, podría haber muerto en algún lado botado..... Solía acudir a una población peligrosa a jalar con traficantes que usaban pistola y todo. El ambiente del traficante todo vale: "Yo soy el más fuerte y tengo la mejor coca".
Al cabo de un tiempo de usar la cocaína empezé a sentirme angustiado y perseguido, encerrado, mala onda, incluso hice consumir a mi esposa, ella me seguía para todas partes.
Un día me desperté perdido, me tome unos tragos.... me volví loco.... la amenazé con un revolver.....casi la mató.

En un inicio yo sólo la consumía tres veces al año, en fechas precisas, porque sabía que era peligrosa y además muy cara; jalaba en Navidad, Año Nuevo y en mi cumpleaños y me dejaba una cuarta para "ocasiones especiales", un carrete desenfrenado o para vacaciones de verano...., Enganche porque este tipo de drogas provoca un "efecto estimulante": podía bailar toda la noche, me sentía con una fuerza y energía sobrehumana. Me sentía omnipotente, capaz , creativo y productivo. No necesitaba ni dormir ni comer, ni cansancio.


Existen tres tipos de consumidores de cocaína
: los adolescente como Pablo que la descubren tempranamente en un "carrete desenfrenado" y que la suelen utilizar para aguantar más horas de trasnoche y sin cansancio; los adultos jóvenes que comienzan su carrera adictiva con la sustancia, que suelen experimentar sensaciones de poder y éxito laboral, los alcohólicos que la descubren tardíamente, en paralelo al aumento del consumo de alcohol.

Los jóvenes que consumen alcohol y marihuana, tienen grandes probabilidades de tomar contacto con la cocaína, ya que se mueven en ambientes donde circula y se ofrece al que frecuente estos sitios.

Cuando estos comienzan a utilizarla con cierta periodicidad, los padres se alarman porque se acentúa el desorden general de la conducta, el desinterés por sus obligaciones, la irritabilidad e incluso la violencia con que se relacionan y en algunos casos suelen aparecer conductas antisociales como robos, peleas callejeras, etc.....Este cambio en su personalidad gatilla que los padres consulten a un especialista y comiencen un tratamiento de rehabilitacíón de drogas.


 El típico consumidor de cocaína es el adulto jovenHombres o mujeres  por lo general ya casados, profesionales, empresarios por lo general exitosos y que consumían alcohol en círculos sociales y en "forma moderada" y que pueden haber  probado la marihuana en la adolescencia. Pero en una fiesta de final de año o en una celebración de un gran negocio le ofrecen cocaína y la persona queda de inmediato con una sensación  estimulante y eufórica que le reporta ese primer consumo.

Descubre una forma de "placer intensa", fácil de lograr, diferente de todas las demás que ha conocido antes. Al comienzo acepta si se la ofrecen en una situación social; posteriormente la busca en forma activa y comienza a usarla con regularidad: una vez al mes, cada quince días, todos los fines de semana y algunas noches al final de la jornada laboral......"La necesita y la busca activamente"......

La cocaína es muy adictiva, el deseo de usarla se apodera del pensamiento de la persona y sin darse cuenta, ésta la aspira interrumpiendo sus actividades, levantándose al baño en una reunión o escondido en su casa... Con el tiempo el craving es cada vez más fuerte y aumenta  también su tolerancia al alcohol, pudiendo llegar a tomar una o más botellas de whisky al día....

Con el correr del tiempo, el síndrome de privación se manifiesta como cansancio, apatía, desinterés. Le cuesta conciliar el sueño y está muy excitado, por lo que abusa también de los tranquilizantes.
En etapas avanzadas del consumo de cocaína, el individuo consume en largas sesiones, que pueden durar 24 hrs o más horas."Binges" se les llama a esas jornadas que se interrumpen solamente por el agotamiento o porque ya no se dispone de más cocaína.A esto se le suma un sueño profundo que puede durar dos o más días.

Fruto de la "omnipotencia" que suele experimentar el consumidor de cocaína, suele ir acompañada de muchos gastos en dinero y surgen en su mente "proyectos comerciales" o empresariales que muchas veces no se ajustan a la realidad y terminan fracasando o en un desastre económico.......

La cocaína produce un aumento en la imaginería sexual. El acto sexual efectuado con cocaína es vivido muy intensamente, la persona comienza a mirar revistas y videos pornográficos en internet. Son frecuentes las infidelidades, el frecuentar prostíbulos y promiscuidad, y en algunos se pueden llegar a contraer enfermedades de transmisión sexual ( VIH, hepatitis C y otras). Aparecen tambien conductas muchas veces perversas y aberrantes, muy distantes del carácter previo y de la formación de la persona.

Por otro lado la cocaína por ser un poderoso vasocontrictor, eleva la presión arterial y produce arritmia y paro cardíaco. Por ello luego de una noche de consumo de cocaína puede terminar en un accidente cerebral vascular, un infarto al miocardio, una arritmia o una muerte súbita.....
 Por lo general en los servicios hospitalarios cuando llega una persona menor de 40 años con accidente vascular coronario o cerebral, no dudan en solicitar un examen de orina para detectar la prescencia de orina.

El Tercer Tipo de Consumidor de Cocaína es el bebedor habitual", al que un día , en plena fiesta, le ofrecen cocaína y comprueba admirado que su estado de ebriedad se disipa como por milagro. Luego de esto; comienza a buscarla activamente y a usarla en forma sistemática para aumentar su tolerancia al alcohol.Se le ve entrar a un baño tambaleante con la voz traposa y la mirada pérdida, y a los pocos minutos  sale "como nuevo", como si no hubiera bebido ni una gota de alcohol. 

El abuso de alcohol y cocaína en el cerebro es grave, produce en la neuronas un compuesto tóxico denominado cocaetileno o etielno de cocaína que puede causar confusión con la abstinencia, que puede durar varios días o un par de semanas........De las muertes ocasionadas por la intoxicación por drogas, informa el National Institute on  Drug Abuse (NIDA) de los Estados Unidos, las más comunes son las ocasionadas por el uso combinado de cocaína y alcohol......

miércoles, 29 de julio de 2015

Carta a los Padres......






La marihuana puede representar una amenaza particular para la salud y el bienestar de niños y adolescentes en un punto crítico de sus vidas, cuando están creciendo, aprendiendo, madurando, y sentando las bases para la edad adulta. 

Como padre de familia, sus hijos recurren a usted por ayuda y orientación para resolver problemas y tomar decisiones. Esto incluye la decisión de no consumir drogas. Incluso si ha consumido drogas en el pasado, puede tener una conversación abierta sobre sus peligros. Divulgar el consumo pasado de drogas es una decisión individual, pero haber consumido drogas no debe impedirle hablar con su hijo sobre los peligros que esto conlleva. De hecho, la experiencia nos puede preparar mejor para enseñarles a los demás, incluso al recurrir al valor de posibles errores.

La gran aceptación del consumo de marihuana, en comparación con el uso de otras drogas ilegales, pasa a ser la base de las opiniones divergentes acerca de sus peligros, su ilegalidad y su valor potencial. Ciertamente, el debate público sobre la "marihuana medicinal" podría complicar el debate.

Ya sea que la marihuana se legalice o se permita su uso para fines médicos, puede resultar particularmente peligrosa para los adolescentes y puede alterar la trayectoria de la vida de un joven, y así impedir que desarrolle su máximo potencial. Esa es razón suficiente para tener esta conversación, en ocasiones difícil, con sus hijos..... 







El consumo de marihuana durante la adolescencia puede reducir de forma permanente el coeficiente intelectual de una persona e interferir con otros aspectos de su funcionamiento y bienestar.

Los resultados del estudio muestran que todavía tenemos un largo camino por recorrer en nuestros esfuerzos para prevenir el consumo de marihuana y evitar el daño que puede causar en la vida de una persona joven. El NIDA reconoce que los padres desempeñan un papel importante en este esfuerzo y que pueden influir fuertemente en las actitudes y comportamiento de sus hijos

Sin embargo, el tema del consumo de marihuana se ha vuelto cada vez más difícil de tratar. En parte, esto es así debido a los "mensajes contradictorios" que se transmiten mediante la aprobación de leyes de marihuana medicinal y la legalización de la marihuana en algunos estados. 

Además, es posible que muchos de los padres de quienes hoy en día son adolescentes hayan consumido marihuana cuando eran más jóvenes, lo que podría dificultar el hablar abiertamente y establecer reglas definitivas sobre su consumo.


Hablar con nuestros hijos sobre el consumo de drogas no siempre es fácil, pero es crucial. También puede participar en su comunidad y buscar programas de prevención de abuso de drogas en los que usted y su hijo pueden participar juntos. A veces, empezar la conversación es la parte más difícil.......



Dra. Nora D. Volkow
Directora del
Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA).

domingo, 26 de julio de 2015

Alcohol y cerebro adolescente



RESUMEN ABSTRACT
ADICCIONES, 2009 · VOL. 21 NÚM. 1 · PÁGS. 9-14
Fernando Cadaveira Mahía*

Enviar correspondencia a:
Fernando Cadaveira Mahía. Departamento de Psicoloxía Clínica e Psicobioloxía. Rúa Xosé María Suárez Núñez, s/n. Campus Sur. 15782 Santiago de Compostela. Teléfono 981 563100 ext 13797.
Fax 981 528071. Correo electrónico: fernando.cadaveira@usc.es
*Profesor Titular de Psicobiología. Departamento de Psicoloxía Clínica e Psicobioloxía, Universidade de Santiago de Compostela.

ABSTRACT

Binge Drinking (BD) pattern is firmly established among adolescents and young people. This pattern has raised a strong concern within the neuroscience community due to its possible impact on specific brain regions still maturing. Research with animal models demonstrates that BD may have
serious structural and functional effects during these ages. Some regions like the prefrontal cortex or the hippocampus and the cognitive processes in which these structures play a role seem to be specific targets of alcohol. Results provided by the scarce studies carried out in humans support the
evidence from previous animal experiments. However, we are far from being able to answer if this pattern of consumption has a special effect in the adolescent brain and what the short and long-term consequences are. Common limitations in human studies include the insufficient control
of powerful confounding factors, the use of designs that does not allow differentiation between markers and effects, the use of reduced samples and the lack of replication studies. Although the innocuousness hypothesis is no longer sustained and experimental evidence has accumulated showing the risk associated with BD, results have been somewhat overinterpretated. The valuable contributions of cross-sectional designs should be complemented by the contributions of prospective longitudinal studies with appropriated sample sizes and a higher control of critical variables in order to identify short and long-term structural and neurocognitive consequences. Key words: alcohol, binge drinking, adolescence, brain, cognitive function.

RESUMEN

El patrón de consumo intensivo intermitente de alcohol (Binge Drinking) se ha consolidado entre adolescentes y jóvenes. Este patrón (BD) ha despertado una fuerte preocupación en la comunidad neurocientífica por su posible impacto en un cerebro aún en maduración. La investigación con modelos animales demuestra los graves efectos estructurales y funcionales que un patrón BD puede

tener a estas edades. Algunas regiones como el cortex prefrontal y el hipocampo, de maduración más tardía, y los importantes procesos que éstas organizan, parecen diana especial de la acción del alcohol. Los escasos estudios realizados en humanos van en la dirección de lo adelantado por la investigación animal. Sin embargo, estamos lejos de poder responder si este patrón BD afecta de forma especial al cerebro adolescente y de precisar cuáles son sus consecuencias a corto y largo plazo. Son limitaciones habituales en los estudios el insuficiente control de poderosos factores de confusión, la utilización de diseños que no permiten diferenciar entre marcadores y efectos, el uso de muestras reducidas o la ausencia de réplicas. Aunque se hace insostenible una hipótesis de inocuidad y se acumula evidencia que nos advierte sobre los peligros de esta forma de consumo, se ha producido en general una cierta sobreinterpretación de los resultados. A la valiosa contribución realizada por estudios transversales debe seguir la de estudios longitudinales, en muestras de tamaño apropiado, con mayor control de variables críticas, que ayuden a identificar qué estructuras están más afectadas y cuáles son las consecuencias neurocognitivas a corto y largo plazo.

Palabras clave: Consumo intensivo de alcohol, adolescencia, cerebro, efectos.





CONSUMO INTENSIVO DE ALCOHOL EN FIN DE
SEMANA


La adolescencia supone un tránsito a la adultez en la que la propia maduración biológica afecta y se ve afectada por variables de diverso orden (cognitivas, afectivas, psicosociales,…). A nivel cerebral ésta abarca la segunda década de la vida, en la que se producen cambios neuromadurativos  importantes, extendiéndose para algunas estructuras de evolución más recientes hasta aproximadamente los 25 años. En contra de lo que se presuponía hace un par de décadas, el cerebro adolescente parece especialmente vulnerable a los efectos del alcohol siendo probablemente las regiones de maduración más tardía diana especial. Este hecho pasa a ser muy preocupante a la luz de los datos de prevalencia que el consumo intensivo de fin de semana tiene entre adolescentes y jóvenes en Europa y, especialmente, en España. Informes recientes del Observatorio Español sobre Drogas han destacado la consolidación de un patrón de consumo intermitente, que se concentra en sesiones de pocas horas y en los días de fin de semana. Este patrón se caracteriza por su alta prevalencia en jóvenes, igualación del consumo entre sexos, rejuvenecimiento del perfil de bebedores abusivos y escasa percepción del riesgo. Es lo que la literatura anglosajona ha dado en llamar “binge drinking” (BD) y que como criterio más consensuado supone beber 5 o más UBEs (Unidad de Bebida Estándar) para hombres y 4 o más para mujeres en una misma sesión.

Según el último informe de la encuesta estatal sobre uso de drogas en estudiantes de enseñanzas secundarias, el alcohol es la sustancia cuyo consumo está más  extendida entre los 14 y 18 años, un 53,4% de los estudiantes de estas edades (47,3% chicas y 59,8% chicos) han tomado en los últimos 30 días 5 o más cañas/copas de bebidas alcohólicas en la misma ocasión (BD). Un 17,7% lo ha hecho más de 4 veces el último mes, siendo habitual que alcancen la embriaguez. Estos datos son medias para ese grupo de edad que se ven muy incrementados entre los 18 y los 24 años, especialmente en población universitaria, como se ha podido comprobar, entre otros, en nuestro estudio.

OPORTUNIDAD PARA OTROS FACTORES DE RIESGO: SEXO, INICIO TEMPRANO, POLICONSUMO.

Además de los efectos directos que un patrón BD pueda tener sobre la estructura y la función cerebral, la prácticade esta forma de consumo se erige en oportunidad para la de otros factores de riesgo.

Diferencias sexuales

Aunque con algunos informes discrepantes, la mayor parte de las investigaciones sugieren que las mujeres son más vulnerables a los efectos del alcohol, argumentando, entre otras, razones de orden metabólico y hormonal. En adolescentes y jóvenes, en un estudio reciente con una muestra de 14 a 17 años con problemas por abuso de alcohol, se informó de patrones de actividad cerebral más anómalos mediante RMNf (resonancia magnética nuclear funcional) en mujeres que estaban realizando pruebas de memoria de trabajo espacial Empleando pruebas neuropsicológicas otras investigaciones llegaron a conclusiones semejantes en jóvenes BD. Además de los factores antes mencionados, se han esgrimido diferencias sexuales en procesos neuromadurativos. Dada la importante incorporación de las adolescentes y jóvenes a este patrón de consumo de fin de semana, es imprescindible valorar si esta equiparación paulatina implica complicaciones asociadas al sexo.

Edad de inicio

El inicio temprano se ha asociado a un incremento importante del riesgo a desarrollar alcoholismo. Así, se ha informado de hasta cuatro veces más probabilidad para desarrollar dependencia en jóvenes con inicio al consumo antes de los 15 años respecto a jóvenes con inicio a partir de los 20 años. Aún así, los resultados no son siempre coherentes, mayor vulnerabilidad pero también mayor capacidad para recuperarse podrían coexistir. Esta importante cuestión sólo se puede abordar mediante estudios longitudinales. En nuestro país, existen razones para la preocupación; la última encuesta escolar indica una media de inicio de 13,9 años (muchos se acercan a los 12); éste es un fuerte motivo para investigar las posibles consecuencias. Desafortunadamente, para muchos adolescentes el consumo de alcohol supone una forma de socializarse que no se acompaña de una
especial percepción de riesgo.

Policonsumo ( dos o mas drogas de consumo ).

Para muchos especialistas, el alcohol es una sustancia de entrada al consumo de otras drogas. Sin entrar en la cuestión de causalidad o concomitancia respecto a factores previos de riesgo, los datos de prevalencia de policonsumo entre jóvenes BD son muy consistentes. En nuestra propia investigación con estudiantes universitarios de 18 a 19 años se comprueba alta prevalencia de policonsumo de cannabis (alcanza el 50%) y otras sustancias de abuso (entre el 1 y el 5%, dependiendo que sustancia).

DE LA INQUIETUD SOCIAL
A LA ALARMA CIENTÍFICA

 Un patrón con elevados costos sociales

La generalización de un patrón de consumo intermitente, intensivo, ligado al ocio y la cada vez más temprana edad de inicio fueron factores que empezaron a despertar inquietud en nuestra sociedad, especialmente por su asociación con el fenómeno del botellón. Los problemas ocasionados por este tipo de patrón suponen importantes pérdidas a nivel personal, familiar y social y han llegado a constituir una de las prioridades de actuación de los países desarrollados, entre ellos los de la Unión Europea (European Alcohol Action Plan 2000-2005). En este último ámbito se ha llegado a estimar el coste económico del abuso de alcohol entre el 2% y el 5% del PIB, según que países.

Una cierta inquietud social por las consecuencias de esta forma de consumo, especialmente en Estados Unidos y otros países de la Unión Europea, antecedió a la propia alarma científica acerca de los efectos en el cerebro adolescente. De hecho, durante un buen número de años algunos índices comportamentales (efectos sedativos, sobre coordinación motora) llevaron a pensar que los jóvenes eran menos vulnerables a la acción del alcohol. Las principales variantes de la hipótesis del envejecimiento prematuro partían de este supuesto y apuntaban a más allá de los 40 años como etapa especialmente crítica. La constatación de un inicio cada vez más temprano en el consumo y los estudios sobre vulnerabilidad genética para el alcoholismo tal vez fueron los factores que más poderosamente reorientaron la atención de la comunidad científica hacia el consumo en adolescentes y jóvenes. De entre todas las variables habitualmente consideradas (extensión de la historia de abuso, niveles de consumo,…) era únicamente la edad de inicio la variable que de forma consistente se asociaba a la gravedad de las complicaciones por consumo abusivo de alcohol. La incidencia de factores genéticos en la irrupción de formas de alcoholismo temprano de evolución rápida era otro dato que incrementaba la preocupación por la cada vez mayor precocidad en el consumo.

Algunos estudios con modelos animales dispararon todas las alarmas. Uno de los aspectos más relevantes y preocupantes de la alta prevalencia de consumo intensivo de alcohol en jóvenes es el efecto que esta forma de consumo muy probablemente tenga en la estructura y la función del un cerebro aún en desarrollo. Consecuencias que bien pudieran persistir a largo plazo. A pesar de la precoz propuesta realizada por Hunt para humanos, sería la investigación con modelos animales la que aportó las primeras evidencias firmes. En estos estudios se ha puesto el énfasis esencialmente en tres características diferenciales del patrón BD: inicio temprano, picos de consumo muy elevados en breve tiempo e intermitencia (múltiples retiradas). El efecto diferencial de estos tres factores respecto a  formas de consumo más regulares en adultos fue estudiado en un buen número de laboratorios. Así, a nivel estructural se ha podido observar que los cerebros de ratas adolescentes con un patrón BD muestran daños considerables en el córtex prefrontal, el córtex piriforme anterior y la corteza perirrinal, áreas que se corresponden con regiones dese corresponden con regiones de la corteza orbitofrontal y temporal, mientras que en ratas adultas también BD no se observa degeneración en esas regiones. Otra estructura especialmente vulnerable es el hipocampo; así, en ratas adolescentes se observó bloqueo de los receptores NMDA-glutamato y del fenómeno de potenciación a largo plazo; otros estudios han demostrado inhibición de la neurogénesis. En España se informó de consecuencias comportamentales a largo plazo por daño en hipocampo, neocórtex y cerebelo derivado de procesos inflamatorios en ratas adolescentes con patrón de consumo BD17. Además del efecto que el alcohol en altas concentraciones o sus metabolitos puedan tener, el propio efecto de sufrir múltiples retiradas puede jugar un papel importante. Como demuestran algunos estudios, no es necesario esperar varios
años para que se produzcan importantes efectos de un consumo intensivo e intermitente en ratas, bastan pocas sesiones para observar daño estructural en algunas cortezas olfativas e hipocampo. Si bien las dosis necesarias para provocar en tan pocas sesiones estos daños no son equiparables a las del consumo humano, algunos de los efectos recuerdan los observados en alcohólicos crónicos.
A nivel neurocognitivo, se ha podido comprobar que las alteraciones producidas en procesos de aprendizaje y en la memoria espacial son más potentes en ratas adolescentes. También se han informado de posibles consecuencias a largo plazo en ratas adultas que durante la adolescencia
fueron sometidas a un patrón BD. Estas consecuencias eran especialmente evidentes en pruebas que implicaban a la memoria de trabajo, aunque también fueron observadas dificultades persistentes en pruebas de aprendizaje y memoria espacia. Una buena revisión de estos trabajos se encuentra en White y Swartzwelder.

Estudios en humanos.

En términos de maduración cerebral se considera que la adolescencia abarca la segunda década de la vida y para algunas estructuras buena parte de la tercera. De forma similar a lo que ocurre en otros períodos evolutivos críticos, en algunas regiones del cerebro adolescente se producen importantes transformaciones tanto regresivas (con pérdida de un número sustancial de sinapsis  superfluas), como progresivas (de mielinización de las neuronas y consolidación de sus conexiones) que tendrán importantes consecuencias comportamentales en la vida adulta
.

Estas regiones en maduración median importantes aspectos del comportamiento adolescente y parecen diana especial para los efectos del alcohol. Entre ellas debemos destacar la corteza prefrontal. Los procesos neuromadurativos en esta región se extienden hasta la tercera década de la vida y tiene importantes repercusiones en funciones cognitivas relevantes como planificación, toma de decisiones, control comportamental, memoria de trabajo o procesos de atención, entre otros. El abuso de alcohol en la adolescencia también ha sido asociado a menor volumen en cortex prefrontal, sin embargo esas diferencias podrían estar moduladas por el sexo, relacionadas con factores premórbidos  ocondicionadas genéticamente. En cuanto a otra de las posibles dianas, el hipocampo, se trata de una estructura con enorme plasticidad que está implicada en la formación de nuevas memorias y en el mantenimiento de representaciones del entorno espacial. Como se ha señalado, algunos fenómenos asociados especialmente al hipocampo, como neurogénesis o potenciación a largo plazo, demostraron ser muy vulnerables a los efectos de un patrón BD en estudios en animales adolescentes o jóvenes; el propio hipocampo muestra daño estructural después de escasas sesiones de ingesta de alcohol. A nivel estructural, los escasos estudios en humanos ratifican algunos de los hallazgos observados en animales. Así, se ha informado, mediante RMN (resonancia magnética nuclear), de una reducción media significativa en el volumen del hipocampo en jóvenes que empezaban a cumplir los criterios DSMIV de abuso o dependencia alcohólica. Otros trabajos destacan especialmente un menor volumen en hipocampo izquierdo Los primeros estudios neuropsicológicos empiezan a aclarar la asociación de un patrón BD en adolescentes y jóvenes con bajo rendimiento en varios ámbitos. Algunos de estos trabajos fueron realizados por S. Tapert y S. Brown en San Diego (se pueden consultar las siguientes revisiones de las propias autoras. Adolescentes que acumulaban al menos 100 sesiones BD obtuvieron peores rendimientos en test de aprendizaje, memoria y funcionamiento visuoespacial. En un estudio de seguimiento efectuado durante 8 años (desde los 16 a los 24) se comprobó un efecto acumulativo que se trasladaba a los resultados en pruebas de aprendizaje y memoria. Desafortunadamente, añadido al problema de consumo de alcohol en muchos casos se presentaban otros policonsumos o estaba ya establecida dependencia al alcohol, por lo que no es posible discernir los efectos asociados a cada uno de estos factores. Aunque la mayor parte de los estudios mediante potenciales evocados se centraron en pacientes alcohólicos y en la búsqueda de marcadores de riesgo, recientemente también se ha informado de anomalías en algunos componentes de potenciales evocados en jóvenesde 18-25 años con un patrón BD, estas anomalías fueron interpretadas en términos de déficits inhibitorios centrales; desafortunadamente, el diseño de esta investigación no permite descartar la posible influencia de variables como la historia de consumo familiar. En nuestro país algunos estudios con universitarios empiezan a ofrecer resultados interesantes; así, García Moreno y colaboradores han informado recientemente en esta misma revista del bajo rendimiento en algunas tareas neuropsicológicas asociadas a procesos mediados por la corteza prefrontal. Nuestra investigación con una muestra de similares características, en las que se intenta controlar importantes fuentes de confusión, ofrece algunos resultados convergentes en pruebas neuropsicológicas, también encuentra diferencias significativas en componentes de potenciales evocados e hipoactividad en corteza prefrontal (BA 10) en tareas que demandan memoria de trabajo.

Posibles consecuencias a largo plazo.

Aunque la prevalencia de episodios BD suele alcanzar su pick en torno a los 24-25 años, este patrón de consumo, conjuntamente con otras variables, contituye  en sí una trayectoria de alto riesgo para acabar desarrollando problemas asociados al abuso de alcohol y/o al alcoholismo.

 Si bien queda aún mucha investigación que realizar sobre las consecuencias de este patrón en humanos,el consumo  intensivo en adolescentes puede conllevar consecuencias a largo plazo a nivel neurocognitivo. En modelos animales, se ha informado que la exposición a repetidas sesiones BD ocasiona consecuencias a largo plazo especialmente en tareas de memoria. Los muy escasos estudios realizados con humanos una vez más parecen ir en la misma dirección. La mayor propensión de los adolescentes y jóvenes hacia patrones de consumo BD y la correspondiente reiteración de pequeñas retiradas, podría tener importantes efectos en estas funciones. Estas consecuencias estarán muy probablemente moduladas a nivel individual por otros factores como riesgo genético, sexo, edad de inicio o policonsumo.

LA NECESIDAD DE REDUCIR POSIBLES FUENTES
DE CONFUSIÓN EN LA INVESTIGACIÓN FUTURA.

El consumo abusivo de alcohol y el desarrollo de problemas asociados a él es el resultado de la interacción entre factores ambientales y genéticos, en algún caso relacionados con problemas comportamentales de más amplio espectro que favorecen conductas de riesgo. Causas y consecuencias, marcadores e índices de los efectos de la sustancia son difíciles de discernir en nuestra
especie dadas las limitaciones propias de la investigación en humanos. Así, por ejemplo, distintos grupos hemos podido constatar en hijos de alcohólicos, previamente a cualquier contacto con la sustancia, la presencia de índices neurofisiológicos y neuropsicológicos que previamente habían sido interpretados como indicadores del efecto del consumo crónico de alcohol en adultos. Algunos de estos indicadores son interpretados ahora como manifestación de retrasos madurativos, perfiles de personalidad, trastornos de conducta o psicopatología, todos ellos factores que han sido asociados con el abuso de alcohol y otras sustancias psicoactivas. A modo de ejemplo, diferencias en la función
frontal no sólo se asocian al consumo intensivo de alcohol sino que también aparecen en poblaciones con alto riesgo, incluso de forma previa a haberse iniciado cualquier consumo. Si bien existen evidencias procedentes de estudios en animales y se acumula datos acerca de una asociación entre consumo intensivo de alcohol y algunos índices de funcionamiento neurocognitivo en humanos, la
investigación realizada hasta el momento aún no aporta datos definitivos sobre cuáles son las consecuencias de este patrón en el cerebro adolescente. Por otra parte, la caracterización del desarrollo a nivel neuroestructural y neurofuncional en nuestra especie es aún insuficiente para poder establecer una buena base de comparación. A un contexto de investigación esencialmente clínico probablemente deba añadirse otro asentado en un marco conceptual del desarrollo. Dificultades derivadas de esa insuficiente caracterización, limitaciones propias de los diseños, muestras reducidas y falta de control sobre algunas variables críticas nos pueden conducir fácilmente a generalizaciones imprudentes, a confundir marcadores con efectos o a mezclar consecuencias del consumo alcohol con
los efectos de otros factores. Entre estas variables críticas fuentes de confusión conviene destacar especialmente la falta de control de vulnerabilidad genética, presencia de trastornos psicológicos y los efectos del consumo de otras sustancias psicoactivas. En cuanto a la vulnerabilidad genética, un buen numero de estudios, entre los que se encuentra nuestra propia investigación, han encontrado de forma consistente diferencias neuropsicológicas y psicofisiológicas entre niños procedentes de familias con alta densidad de alcoholismo y sus controles de bajo riesgo,
especialmente en tareas que implican memoria de trabajo y capacidades visuoespaciales, procesos que se ha informado están afectados por el patrón BD. También es común en los estudios sobre patrón BD ausencia de controlen las muestras de trastornos psicológicos, especialmente
depresión o trastornos de alimentación en mujeres y trastornos de conducta en hombres. Es muy frecuente, por último, detectar en las muestras presencia de policonsumo y sin embargo atribuir las diferencia al consumo de alcohol....

En el estudio epidemiológico que hemos desarrollado con población universitaria se puso de manifiesto un mayor consumo de medicamentos en los jóvenes BD, también quedo clara una alta prevalencia de consumo de cannabis (55% en hombres, 45% en mujeres) y, aunque a mucha distancia el policonsumo de otras sustancias, confirmando informes previos. Sobre estas variables es necesario ejercer control.

A modo de conclusión, además de avanzar en algunas delas líneas indicadas para poder distinguir entre marcadores y efectos, o para excluir el papel jugado por otras variables como policonsumo, etc., debemos esperar aportaciones importantes de investigaciones en humanos que combinen técnicas estructurales y funcionales no invasivas o mínimamente invasivas con diseños longitudinales. La dificultad de esta empresa científica no debe leerse en clave de desanimo ni oscurecer una conclusión más que suficientemente asentada, aunque queda mucho por avanzar acerca de los efectos del alcohol sobre la estructura y la función cerebral en adolescentes una hipótesis de inocuidad o mayor resistencia hoy es insostenible. Tomada en su conjunto, existe fuerte evidencia desde la investigación en modelos animales y apoyo estimable desde investigación en humanos para afirmar que la práctica de un consumo intensivo de alcohol en fin de semana entraña un fuerte peligro para la salud de los jóvenes y les incorporan a una trayectoria de muy alto riesgo para desarrollar alcoholismo, incluso en ausencia de vulnerabilidad genética y factores premórbidos, como empezamos a vislumbrar en algunas investigaciones en las que nos esforzamos en controlar estas fuentes habituales de confusión.


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